lunes, 21 de diciembre de 2009
lunes, 14 de diciembre de 2009
III Epístola Domirtiana: El Génesis y pecado original Domortiano (Parte I)
Saludos mortales!
En esta vuestra enriquecedora epístola, os voy a hablar del pecado original. Al principio sólo estaba yo («El Gran Genio Indiscutible») y dije yo, «¿Para qué trabajar yo por mí mismo pudiendo hacer a unos cuantos siervos?» Y entonces surgisteis vosotros. A algunos de vosotros os hice con alas (Luego el cristianismo les llamó ángeles a esos queriendo agenciarse mi creación..) Cierto día, los ángeles se pasaron a ser extraterrestres... Sólo la mayoría, puesto que una parte sirvió de alimento a los Humanos Caníbales, una subraza humanoide cuya dieta se basaba principalmente en ángeles.
Estos extraterrestres tenían envidia de vosotros, porque decían que vosotros me servíais mucho más y ellos querían ser mis únicos siervos, por eso yo, El Gran Domort, decidí desnucarlos para evitar polémicas (Os hubiera guillotinado a vosotros, pero ellos eran incapaces de discernir El Gran Secreto Domortiano).
Estos alienígenas tenían alas blanco-azuladas y al ejecutarlos, daban lugar a las estrellas y cuando las alas se van corrompiendo, se van volviendo bermejas (al igual que las estrellas). Al principio, vosotros, simples mortales, comprendisteis el gran beneficio que yo, El Gran Domort os había hecho matándoles a ellos y no a vosotros y elogiasteis estas estrellas como tumbas de vuestros viles antagonistas.
Pero ahora, vosotros estáis contaminando el cielo que yo cree con toda la fuerza de mi dedo meñique y así os estáis olvidando de lo que yo, el Gran Domort, hice por vosotros. En este planisferio, podéis ver la distribuición de vuestra absurda sobreiluminación...
Mortales/siervos, este es el verdadero pecado original: El pecado Domortiano, en el que menospreciáis mis esfuerzos por protegeros y permitiros servirme con vuestra servidumbre.
En esta vuestra enriquecedora epístola, os voy a hablar del pecado original. Al principio sólo estaba yo («El Gran Genio Indiscutible») y dije yo, «¿Para qué trabajar yo por mí mismo pudiendo hacer a unos cuantos siervos?» Y entonces surgisteis vosotros. A algunos de vosotros os hice con alas (Luego el cristianismo les llamó ángeles a esos queriendo agenciarse mi creación..) Cierto día, los ángeles se pasaron a ser extraterrestres... Sólo la mayoría, puesto que una parte sirvió de alimento a los Humanos Caníbales, una subraza humanoide cuya dieta se basaba principalmente en ángeles.
Estos extraterrestres tenían envidia de vosotros, porque decían que vosotros me servíais mucho más y ellos querían ser mis únicos siervos, por eso yo, El Gran Domort, decidí desnucarlos para evitar polémicas (Os hubiera guillotinado a vosotros, pero ellos eran incapaces de discernir El Gran Secreto Domortiano).
Estos alienígenas tenían alas blanco-azuladas y al ejecutarlos, daban lugar a las estrellas y cuando las alas se van corrompiendo, se van volviendo bermejas (al igual que las estrellas). Al principio, vosotros, simples mortales, comprendisteis el gran beneficio que yo, El Gran Domort os había hecho matándoles a ellos y no a vosotros y elogiasteis estas estrellas como tumbas de vuestros viles antagonistas.
Pero ahora, vosotros estáis contaminando el cielo que yo cree con toda la fuerza de mi dedo meñique y así os estáis olvidando de lo que yo, el Gran Domort, hice por vosotros. En este planisferio, podéis ver la distribuición de vuestra absurda sobreiluminación...
Mortales/siervos, este es el verdadero pecado original: El pecado Domortiano, en el que menospreciáis mis esfuerzos por protegeros y permitiros servirme con vuestra servidumbre.
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